Escuela Católica promoviendo la formación del discípulo misionero.

Escuela Católica promoviendo la formación del discípulo misionero.
Por: P. David Vargas Grajales

La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil – (2007) subrayaron la misión primaria de la Iglesia: anunciar el Evangelio de manera tal que garantice la relación entre fe y vida tanto en la persona individual como en el contexto socio-cultural en que personas viven, actúan y se relacionan entre sí. Esta misión se concreta en muchos aspectos de la educación católica – la formación de nuestros alumnos que son al espíritu de Aparecida “Discípulos Misioneros del Padre”. La misión de la Escuela Católica toma una fuerza especial al forja en la experiencia educativa los escenarios correspondientes de transformación de la persona humana; nuestros alumnos (as), en los diversos niveles: en sus criterios de juicios, en los valores determinantes, en los puntos de interés, en sus líneas de pensamientos, en las fuentes inspiradoras y en los modelos de vida que se asumen en la sociedad. El dinamismo inspirador de nuestras escuelas católicas; Jesucristo, nos invita a desarrollar modelos de enseñanza y aprendizaje que permitan establecer contrastes con la Palabra de Dios y el designio de salvación.

La Escuela Católica, hoy más que nunca, debe buscar las garantías que puedan asegurar el forjar una excelencia académica a la par de una auténtica identidad católica - una experiencia de catolicidad genuina. El formar “Discípulos Misioneros del Padre” no es simple objetivo de nuestras escuelas católicas más bien un imperativo de nuestra misión Evangelizadora: anunciar a Jesús – Camino Verdad y Vida. (Jn 14, 6).
La formación de los “Discípulos Misioneros del Padre” es un apelo para nosotros los educadores católicos en formar un proyecto de ser humano en el que habite Jesucristo con el poder transformador de su vida nueva. La V Conferencia de Aparecida nos recuerda que si Cristo no acompaña los grandes valores educativos en nuestras escuelas católicas corremos el riesgo de no ser cristianos. La formación de nuestros alumnos (as); explicita e implícitamente, debe estar ordenada y orientada en Cristo, entonces así y sólo así, es verdadera educación cristiana.
La Escuela Católica está llamada, según el espíritu de Aparecida, a promover una educación centrada en la persona humana que es capaz de vivir en la comunidad, aportando lo suyo para su bien. La formación de nuestros alumnos (as) en nuestras escuelas católicas debe ser garantía de una transformación social; donde reine la justicia, la paz, la libertad, la solidaridad, la misericordia, la armonía, y la caridad; en una simple expresión –donde el “Discipulado Misionero” adquiera su realización máxima y se pueda establecer la Civilización del Amor.

Por tanto, nos dice Aparecida, la meta que la escuela católica se propone, respecto de los niños y jóvenes, es de conducir al encuentro con Jesucristo vivo, Hijo del Padre, hermano y amigo, Maestro y Pastor misericordioso, esperanza, camino, verdad y vida, y, así, a la vivencia de la alianza con Dios y con los hombres – mujeres e nuestros tiempos. La Escuela Católica está llamada a una profunda renovación. Debemos rescatar la identidad católica de nuestros centros educativos por medio de un impulso misionero – subraya Aparecida – valiente y audaz, de modo que llegue a ser una opción profética plasmada en una pastoral de la educación participativa e integral.